Daniel,
el travieso
Cuando Alba Cecilia decidió darle el
nombre de Daniel Alejandro a su -por ahora- único
hijo, la astróloga Adriana Azzi le comentó que
esa era una combinación explosiva. “El
tiene una tranquilidad única”, dice
Alba con una sonrisa que adorna la frase pero
recalca la inquietud de Daniel en el miniparque
de Excelsior Gama.
Para ella, Daniel cambió su vida completamente,
pero para bien. “Creo que se puede compaginar
perfectamente la profesión y la vida de
mamá. Tengo la fortuna de tener las dos
alternativas de hacerlo bien porque me levanto
a las cinco de la mañana para mi programa
de radio que es de seis a nueve de la mañana
con Sergio y después me voy a Globovisión
hasta la una de la tarde. Después tengo
la tarde para dedicársela a sus actividades
y acompañarlo a cosas que sean importantes
para él”.
-¿Y la idea de tener otro?
- Me encantaría, lo que pasa es que no
sé si la capa de ozono lo permite hoy en
día (risas).
Daniel es el noveno nieto de los padres de Alba,
y también el más pequeño
de ellos. Así que es super consentido. “Lo
que dice mi esposo es que yo lo tengo consentido
también. El es más recio que yo
en cuestiones de disciplina y de orden. Pero creo
que se compaginan las dos cosas perfectamente: él
por la parte recia y yo tratando de manejar la
situación como madre”.
A Daniel le gusta que su mamá salga en
la televisión. Es algo que comparte con
sus amiguitos. “Hay cosas que no le gustan
que estén pasando en el país y entonces
me dice: “¿Por qué no lo dices
por la televisión, mamá?”.
Y es un orgullo para él salir en una revista
con su mamá.
Padre
por cuatro
Para Sergio todo cambió desde que nació Renzo,
el mayor de sus cuatro hijos. “De la vida
tranquila que llevábamos, comenzamos a
vivir momentos difíciles pero muy bonitos
porque era la llegada del primer niño y
lo esperábamos con ansiedad y con mucha
alegría”.
Renzo tiene ocho años. Después
llegó Mauro, de cinco. Pero la pareja quería
también una hembrita y Paola llegó tres
años más tarde... pero acompañada
de Fabio.
- No lo esperábamos en el sentido de
que si estábamos de pronto empezando a
buscar la niña y dijimos bueno vamos a
ver si venía la niña, y bueno, vino
pero acompañada de otro varón, cosa
que no esperábamos tampoco que fueran morochos… Son
morochos, tienen dos años y medio.
- Y como cada tres años has tenido un
nuevo niño, te queda medio año para…
- No, no hay más, no hay más… Hasta
aquí llegó el asunto. Es una experiencia
muy bonita, por supuesto, pero son cuatro niños
y hoy en día no es fácil tener cuatro
hijos. Yo no sé cómo hacían
nuestros padres y abuelos. Nosotros somos cuatro
hermanos y mis abuelos tuvieron diez hijos cada
uno… Además, tanto mi esposa y yo
trabajamos y recibimos mucha ayuda con ellos de
mi suegra, de una señora que nos ayuda
en la casa… Entonces a veces está uno
por aquí, dos por allá... uno se
las arregla para resolver cuando es necesario.
Al principio, Sergio pensaba que cuando tuviera
hijos nunca los iba a criar como lo criaron a él... “Pero
prácticamente vas utilizando hasta los
mismos términos, las mismas expresiones
que usaron nuestros padres, es común”.
Organización
ante todo
Marianne (6 años) y Alec (6 meses) son
los dos “dolores de cabeza” de Gladys
Rodríguez. Es un decir, porque en realidad
ellos ocupan su tiempo con risas y amor.
Para Gladys, la organización es la clave
del éxito en la casa, el trabajo y en la
pareja. “Cuando estoy en el trabajo toda
mi atención está centrada en el
trabajo, y cuando estoy en la casa estoy verdaderamente
dedicada a ella, a mi esposo y a mis hijos”.
Gladys trata de repartir el día de una
manera lo suficientemente justa y equitativa como
para que cada uno sienta que ella está presente. “En
el caso de Alec, que está todavía
muy pequeño, le puedo dedicar la mañana
y, para no sacrificar mi tiempo de ejercicios
que es necesario para mi mantenimiento y mi salud,
viene una entrenadora a mi casa. Mi hijo me ve
haciendo ejercicios y disfruta de esa hora conmigo.
Inmediatamente después, puedo dedicarme
a él sin perder ese tiempo de ir y venir
a un gimnasio”.
Gladys afirma que ya estaba preparada para ser
madre por primera vez cuando nació Marianne. “Se
me hizo todo relativamente fácil porque
tenía la ayuda de mi familia y de mi esposo.
Además, ya tenía una edad con la
madurez suficiente como para poder asumir el rol
de madre con tranquilidad. Por supuesto, con los
sustos propios de la primera vez”.
“Marianne es una niña muy espontánea,
independientemente de lo que tenga que vivir conmigo,
ella tiene una personalidad muy espontánea,
muy sociable”.
- ¿Cómo adaptas la forma de ser
madre a los nuevos tiempos en comparación
a como te educaron tus padres?
- Creo que hay ciertas cosas que no van a cambiar.
La enseñanza de valores y principios...
Si tus padres lo hicieron contigo, lo vas a hacer
con tus hijos igual. Quizás lo que puedes
cambiar un poco es la manera como vas a tratar
de disciplinar a tus hijos. A lo mejor no recurro
a la misma metodología que usaron mis padres,
que solían ser un poco más rígidos
a la hora de corregirnos. Pero mi esposo y yo
tenemos como filosofía de enseñanza
la comunicación, y lo que hacemos con Marianne
es que todo se conversa, en mi casa no hay temas
tabú, por supuesto informando hasta donde
ella necesita estar informada.
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